PRIORIDAD POR DERECHO

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Reflexiones sobre la infancia y la adolescencia

Daniela de los Santos

Las niñas, niños y adolescentes son prioridad por derecho

Cada día, millones de niñas, niños y adolescentes ejercen sus derechos, construyen relaciones, aprenden, participan en sus comunidades y desarrollan proyectos de vida que merecen ser protegidos. Por ello, reconocerles como prioridad no debe entenderse como un acto de buena voluntad o una expresión de afecto; es una obligación legal, ética y social.

México ha avanzado significativamente en el reconocimiento de los derechos de la infancia y la adolescencia. Nuestra Constitución y la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes establecen el principio del interés superior de la niñez, lo que significa que toda decisión pública o privada que les involucre debe considerar, por encima de cualquier otro interés, aquello que garantice su desarrollo integral y el ejercicio pleno de sus derechos.

Sin embargo, entre lo que establecen las leyes y lo que viven diariamente muchas niñas, niños y adolescentes todavía existe una brecha que debemos cerrar.

Las cifras relacionadas con violencia, abandono escolar, trabajo infantil, riesgos digitales, embarazo adolescente y diversas formas de vulneración de derechos nos recuerdan que aún queda mucho por hacer. Pero también nos muestran que la protección de la infancia no puede recaer únicamente en una institución o en un orden de gobierno. Es una responsabilidad compartida entre autoridades, familias, escuelas, comunidades, medios de comunicación, organizaciones sociales y la sociedad en general.

Poner a las niñas, niños y adolescentes en el centro implica escuchar sus opiniones, tomar en cuenta sus necesidades y reconocerles como personas con capacidad de participar en los asuntos que afectan su vida. Significa construir espacios seguros para su desarrollo, fortalecer políticas públicas que les beneficien y garantizar que ningún derecho quede solamente escrito en un documento.

Las infancias y adolescencias no necesitan que hablemos por ellas; necesitan que aprendamos a escucharles. Necesitan instituciones sensibles, comunidades protectoras y personas adultas dispuestas a asumir su responsabilidad en la construcción de entornos libres de violencia.

Como sociedad, debemos comprender que cada acción encaminada a garantizar sus derechos es una inversión en el presente y en el futuro. Porque cuando una niña, un niño o un adolescente vive con bienestar, protección y oportunidades, toda la comunidad se fortalece.

“Las niñas, niños y adolescentes son prioridad. No por discurso. No por moda. No por circunstancia. Son prioridad por derecho.”