¿Conocemos realmente a quienes elegimos?

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Omega Vázquez

Vivimos en la era del scroll. En cuestión de segundos consumimos decenas de videos, cientos de publicaciones y miles de opiniones. Nunca habíamos tenido tanto acceso a la información y, paradójicamente, nunca había sido tan fácil quedarnos con la versión más superficial de la realidad.

Hoy una candidatura puede construirse o destruirse en un video de 30 segundos. Un rumor puede recorrer un país antes de que aparezcan los hechos. Una frase fuera de contexto puede pesar más que años de trabajo. Y un algoritmo puede decidir qué vemos, qué creemos y hasta de quién desconfiamos.

La pregunta es inevitable: ¿realmente conocemos a quienes aspiran a gobernarnos o solamente conocemos lo que las redes sociales nos permiten ver?

No se trata de defender a ningún partido ni a ningún personaje. Se trata de defender algo mucho más importante: nuestra capacidad de decidir con libertad.

La democracia exige ciudadanos informados, no solamente usuarios conectados.

Con frecuencia criticamos a un candidato o candidata sin haber leído una sola de sus propuestas. Compartimos un meme sin verificar si es cierto. Repetimos frases que escuchamos una y otra vez hasta convertirlas en “verdades”, aunque nunca nos hayamos detenido a comprobarlas.

Y eso debería preocuparnos.

Porque cuando dejamos de investigar y comenzamos únicamente a repetir, dejamos de ejercer un voto consciente para convertirnos en parte de una conversación dirigida por quienes mejor dominan la comunicación digital.

Hoy las campañas ya no solo se ganan en las plazas públicas; también se disputan en los teléfonos celulares. Existen equipos completos dedicados a instalar narrativas, viralizar etiquetas, fabricar tendencias y amplificar emociones. En ese escenario, la indignación suele viajar mucho más rápido que los argumentos.

Por eso vale la pena hacer una pausa antes de emitir un juicio.

¿He escuchado todas las versiones?

¿Conozco su trayectoria completa o solo un fragmento viral?

¿He leído sus propuestas o únicamente los comentarios sobre ellas?

¿Estoy formando mi opinión o alguien más la está formando por mí?

No significa confiar ciegamente en nadie. Al contrario. Significa ser más exigentes. Investigar más. Comparar más. Preguntar más.

Las personas que aspiramos a algún cargo de elección popular, tenemos la responsabilidad de transparentar nuestra historia, explicar nuestras decisiones y presentar propuestas claras. Pero rl pueblo más que espectador también tiene una responsabilidad: no conformarnos con el titular, el rumor o el video de moda.

La velocidad con la que circula la información no debería reemplazar la profundidad con la que tomamos nuestras decisiones.

Quizá el mayor acto de rebeldía en estos tiempos no sea publicar primero, sino investigar antes. No sea reaccionar de inmediato, sino comprender. No sea repetir lo que todos dicen, sino construir un criterio propio.

Porque al final, los gobiernos pasan, las campañas terminan y las tendencias desaparecen.

Las decisiones que tomamos en las urnas, esas sí permanecen durante años.

Y para elegir bien, primero hay que conocer de verdad.