Omega Vázquez
Hay momentos en la vida pública en los que tenemos que decidir qué pesa más: las diferencias políticas o el bienestar de nuestra gente.
Yo creo que la respuesta debería ser evidente.
Pero no siempre lo es.
En política estamos acostumbrados a mirar todo con el lente de las elecciones: quién convocó, quién acompañó, de qué partido es, quién aparece en la fotografía, quién puede capitalizar un resultado. Y mientras discutimos eso, se nos olvida algo fundamental: Michoacán no puede esperar a que termine la próxima elección para resolver sus problemas.
Esta reflexión me acompañó durante la reciente gira binacional que realizamos por California y Texas, donde en esta ocasión el municipio invitado fue Uruapan, como antes lo han sido Santa Clara del Cobre, Pátzcuaro y otros municipios michoacanos.
Lo importante no era quién tenía la razón política.
Lo importante era qué podíamos hacer por Michoacán.
Por eso celebro que la presidenta municipal de Uruapan, Grecia Quiroz, haya tenido la disposición y la sensibilidad de venir directamente a encabezar las reuniones y representar a su municipio. Porque cuando hay una oportunidad de abrir una puerta, generar una inversión, construir un hermanamiento, conectar productores o escuchar a nuestros paisanos, no debería importar de qué color es quien se sienta a la mesa.
Importa que la mesa exista.
En McAllen nos reunimos con el alcalde Javier Villalobos y avanzamos en conversaciones sobre comercio, inversión, educación, exportaciones, logística y vinculación con nuestra comunidad migrante.
En California hicimos lo propio con autoridades, empresarios, organizaciones migrantes, mujeres líderes, trabajadores del campo y la comunidad michoacana.
Y algo quedó muy claro: Michoacán tiene una enorme comunidad fuera de sus fronteras y una enorme oportunidad de convertir esos vínculos en desarrollo.
Nuestros migrantes no son solamente quienes envían remesas.
Son empresarios.
Son trabajadores.
Son profesionistas.
Son mujeres líderes.
Son productores.
Son personas que generan empleo y que mantienen vivo el vínculo con su tierra aun después de haber tenido que migrar.
Por eso necesitamos una política pública que entienda que Michoacán también se construye desde Los Ángeles, Oxnard, McAllen y tantas ciudades donde viven nuestros paisanos.
Y para hacerlo necesitamos colaboración.
Colaboración entre municipios.
Entre gobiernos.
Entre empresarios.
Entre organizaciones migrantes.
Entre universidades.
Entre productores.
Y, sí, también entre personas que pensamos diferente.
Porque colaborar no significa coincidir en todo. Significa entender que hay asuntos que son mucho más grandes que nuestras diferencias.
Podemos tener distintas filias, distintas fobias, distintos colores y distintas aspiraciones electorales. Podemos incluso competir políticamente.
Lo que no deberíamos hacer es convertir esa competencia en una barrera para que Michoacán avance.
Hay una frase que me gusta mucho: la política debe ser el arte de hacer posible lo necesario.
Y hoy Michoacán necesita que hagamos posible lo necesario.
Necesita más inversión.
Más empleo.
Más oportunidades para nuestros jóvenes.
Más apoyo para nuestros productores.
Más vínculos comerciales.
Más atención para nuestros migrantes.
Más coordinación entre quienes tienen la responsabilidad de servir.
Por eso creo que hay que empezar a cambiar una vieja práctica: poner la elección en el centro de todo.
Las elecciones duran unos meses.
Los problemas de Michoacán duran años.
Las campañas terminan.
Las necesidades de nuestra gente permanecen.
Y las oportunidades que dejamos pasar quizá no regresen.
La gira binacional que acabamos de realizar es un pequeño ejemplo de lo que puede suceder cuando dos michoacanas deciden poner por delante al Estado.
No significa pensar igual.
No significa renunciar a nuestras convicciones.
Significa algo mucho más sencillo: entender que Michoacán está primero.
Y si somos capaces de hacer eso, podremos construir una nueva forma de hacer política: una donde las diferencias se respeten, pero donde la colaboración sea obligatoria cuando está de por medio el bienestar de nuestra gente.
Porque al final del día, la ciudadanía no nos va a preguntar de qué color era la mesa.
Nos va a preguntar qué hicimos cuando tuvimos la oportunidad de hacer algo por Michoacán.
Y esa respuesta, esa sí, tenemos que construirla juntas y juntos.





