Todas y todos queremos lo mismo: vivir mejor
Omega Vázquez
Con frecuencia escuchamos hablar de comercio internacional, inversiones, exportaciones, acuerdos económicos o mercados globales como si fueran temas lejanos a la vida cotidiana de las personas. Sin embargo, detrás de cada uno de estos conceptos existe una realidad muy concreta: la posibilidad de generar mejores oportunidades para las familias.
Esta semana tuve la oportunidad de participar en el Encuentro Empresarial España–México, un espacio de diálogo y colaboración que da continuidad a los esfuerzos para fortalecer la relación económica entre nuestro país y la Unión Europea.
Más allá de los protocolos y las reuniones, estos encuentros tienen un propósito fundamental: construir puentes que permitan atraer inversión, generar empleo, impulsar a las empresas locales y abrir nuevos mercados para los productos mexicanos.
En muchas ocasiones se ha pensado que la economía es un tema reservado para especialistas, empresarios o funcionarios. Yo creo exactamente lo contrario. La economía es uno de los temas más democráticos que existen, porque sus resultados impactan directamente en la vida de todas las personas.
Cuando una empresa crece, se generan empleos. Cuando una inversión llega a una región, se activan cadenas de proveeduría. Cuando un productor encuentra nuevos mercados, aumenta sus ingresos. Cuando existe desarrollo económico, las familias tienen más oportunidades para construir un mejor futuro.
Por eso sostengo que la economía democratiza el bienestar.
Y democratizar el bienestar significa que el crecimiento económico no puede quedarse concentrado en unos cuantos. Significa construir prosperidad compartida, donde los beneficios del desarrollo lleguen a todas las regiones, a todos los sectores productivos y, especialmente, a quienes históricamente han tenido menos oportunidades.
El crecimiento económico tiene sentido cuando mejora la vida de las personas. Cuando permite que una mujer emprendedora fortalezca su negocio, que un joven encuentre empleo, que un productor venda mejor sus cosechas o que una familia tenga mayores posibilidades de salir adelante.
Por eso, el principio de “primero quienes más lo necesitan” no sólo es una política social; también debe ser una visión económica. El desarrollo debe comenzar por quienes enfrentan mayores obstáculos para incorporarse a las oportunidades del mercado, del empleo, del crédito y de la innovación.
Michoacán tiene una enorme capacidad para integrarse a los mercados nacionales e internacionales. Contamos con talento, recursos naturales, ubicación estratégica, vocación productiva y una fuerza emprendedora que distingue a nuestra gente. El reto consiste en conectar ese potencial con las oportunidades que existen en el mundo.
Los grandes cambios no ocurren por casualidad. Son el resultado de construir relaciones, generar confianza, abrir puertas y mantener una visión de largo plazo. Cada misión comercial, cada encuentro empresarial y cada alianza estratégica representan una oportunidad para que nuestro estado participe de manera más activa en la economía global.
Hoy vivimos en un mundo interconectado donde las oportunidades no reconocen fronteras. Las regiones que prosperan son aquellas que entienden que el crecimiento económico debe convertirse en bienestar compartido.
La meta no es solamente crecer. La meta es crecer incluyendo. Crecer distribuyendo oportunidades. Crecer generando movilidad social. Crecer para que nadie se quede atrás y para que nadie se quede fuera de las posibilidades que ofrece el desarrollo.
Porque al final, más allá de cualquier diferencia, existe una coincidencia que nos une como sociedad: todas y todos queremos vivir mejor.
Y cuando la economía genera prosperidad compartida, pone primero a quienes más lo necesitan y garantiza que nadie se quede atrás, deja de ser una estadística para convertirse en bienestar.
Omega Vázquez





