Morelia no necesita más promesas, necesita volver a funcionar

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Por Omega Vázquez

Hay ciudades que crecen y hay ciudades que avanzan. Aunque parezcan lo mismo, no lo son.

Una ciudad puede crecer en población, en construcción o incluso en inversión, pero si sus familias siguen batallando para conseguir agua, si sus jóvenes no encuentran oportunidades, si las mujeres siguen sintiéndose inseguras al caminar por sus calles y si miles de personas sienten que viven lejos de las decisiones públicas, entonces esa ciudad no está avanzando al ritmo que merece.

Hoy Morelia enfrenta una realidad que muchas y muchos ciudadanos reconocen todos los días. Tenemos una ciudad con enormes fortalezas, una ubicación privilegiada, talento, historia, cultura y una gran capacidad productiva. Pero también tenemos problemas que durante años se han ido acumulando y que ya no pueden seguir postergándose.

El acceso al agua es uno de ellos.

No podemos hablar de desarrollo cuando miles de familias siguen viviendo con incertidumbre sobre un servicio tan básico. Resolver el problema del agua requiere visión de largo plazo, inversión, planeación y voluntad para atender las causas y no solamente las consecuencias.

Otro desafío es la seguridad.

La seguridad no se mide únicamente en estadísticas. Se mide en la tranquilidad de una madre cuando sus hijos salen de casa, en la confianza de una joven al caminar por una calle iluminada, en la posibilidad de que las familias vuelvan a apropiarse de los parques, las plazas y los espacios públicos.

También debemos hablar de oportunidades.

Porque una ciudad fuerte no se construye únicamente desde los grandes proyectos. Se construye desde el pequeño negocio que abre sus puertas cada mañana, desde el emprendedor que busca una oportunidad, desde el joven que necesita capacitación y desde las mujeres que sostienen la economía de miles de hogares.

Durante años hemos discutido cómo atraer inversiones. Hoy también debemos preguntarnos cómo hacemos para que el desarrollo llegue a todas las colonias, comunidades y tenencias, y no solamente a las zonas que tradicionalmente reciben atención.

En los últimos años he tenido la oportunidad, desde la Secretaría de Economía, de participar en misiones comerciales, encuentros empresariales, proyectos de inversión y estrategias de Prosperidad compartida. Pero también he recorrido colonias, comunidades y tenencias escuchando directamente a las personas.

Esa combinación de experiencia institucional y contacto permanente con la realidad cotidiana permite identificar algo fundamental: los problemas de Morelia tienen solución cuando existe capacidad de gestión, planeación y voluntad para ejecutarla.

Por eso estamos construyendo alternativas viables, tangibles y realizables desde ahora. No para un discurso de campaña, sino para lo que debe convertirse en una ruta de trabajo desde el primer año de gobierno.

Porque la ciudadanía está cansada de diagnósticos interminables. La gente sabe perfectamente cuáles son los problemas. Lo que espera son soluciones.

No podemos limitarnos a señalar lo que está mal. Tenemos la responsabilidad de ofrecer alternativas reales.

Y aquí existe una diferencia importante que debemos entender.

No es lo mismo un perfil para legislar que un perfil para gobernar.

Ambos son necesarios y cumplen funciones fundamentales para la vida democrática. Pero las presidencias municipales y los gobiernos ejecutivos tienen una responsabilidad distinta: administrar, coordinar, ejecutar y resolver.

Gobernar implica tomar decisiones todos los días. Implica hacer que los servicios funcionen, que el agua llegue, que las calles estén iluminadas, que existan oportunidades económicas y que las familias recuperen la tranquilidad.

Por eso Morelia necesita una visión moderna de gobierno, donde la innovación, la tecnología, la planeación y la cercanía con la gente se conviertan en herramientas para resolver problemas concretos.

Porque al final, la política tiene sentido cuando mejora la vida de las personas.

Y hoy más que nunca, Morelia necesita menos excusas, menos confrontación y más capacidad para resolver.

Necesita volver a funcionar.

Y hacerlo para todas y todos, sin dejar a nadie atrás.