PRIORIDAD POR DERECHO

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Reflexiones sobre la infancia y la adolescencia.

Daniela de los Santos

El “no hables con extraños” también aplica en internet.

Durante generaciones, madres y padres hemos repetido una advertencia sencilla pero poderosa: “No hables con extraños”. La decíamos pensando en la calle, en el parque o en el camino a la escuela. Sin embargo, en pleno 2026, esa conversación ya no puede quedarse únicamente en el mundo físico. Hoy, los extraños también están detrás de una pantalla.

En estos días, en que millones de personas vivimos la emoción del Mundial de Futbol 2026, niñas, niños y adolescentes también pasan más tiempo conectados: siguen a sus jugadores favoritos, juegan en línea, participan en grupos, ven transmisiones y utilizan redes sociales. Y mientras el balón rueda, también aumentan los riesgos digitales.

La realidad es contundente. UNICEF ha advertido que la explotación y el abuso sexual en línea representan una de las amenazas más graves para la infancia. Además, estudios internacionales señalan que uno de cada cinco adolescentes entre 12 y 17 años ha experimentado alguna forma de violencia o abuso sexual en internet.

Más alarmante aún, el Instituto Childlight estima que más de 300 millones de niñas, niños y adolescentes en el mundo son víctimas cada año de algún tipo de explotación o abuso sexual en línea. Detrás de esta cifra hay historias que nos recuerdan que el mundo digital no está exento de peligros y que la prevención comienza en casa.

Los riesgos no siempre llegan acompañados de amenazas evidentes. Muchas veces empiezan con una solicitud de amistad, un mensaje amable, un regalo dentro de un videojuego o alguien que aparenta tener la misma edad. Por eso, la conversación con nuestros hijos debe evolucionar.

Así como les enseñamos a no aceptar dulces de desconocidos, debemos enseñarles a no compartir fotografías personales, no enviar su ubicación, no aceptar solicitudes de personas que no conocen y, sobre todo, a decirnos cuando algo les incomode. El silencio es el mejor aliado de quienes buscan hacer daño.

La protección de la infancia en el entorno digital no se logra prohibiendo, sino acompañando. No basta con revisar dispositivos o instalar controles parentales. Lo más importante sigue siendo construir confianza para que niñas, niños y adolescentes sepan que siempre tendrán un adulto que los escuche, les crea y los proteja.

En el marco del Mundial de Futbol 2026, cuando celebramos la pasión por el deporte y la convivencia, vale la pena recordar que la verdadera victoria será aquella en la que nuestras niñas, niños y adolescentes puedan disfrutar de la tecnología y del deporte en entornos seguros.

Porque los peligros ya no solamente están en la esquina de la casa.

También pueden estar detrás de una pantalla.

Y así como les enseñamos a cuidarse en la calle, debemos enseñarles a cuidarse en internet.

Porque proteger sus derechos, su integridad y su bienestar, dentro y fuera del mundo digital, sigue siendo una responsabilidad compartida y una prioridad por derecho.

“Mientras millones de ojos están puestos en las canchas, no podemos perder de vista a quienes más necesitan nuestra atención: las niñas, niños y adolescentes”.