El derecho más importante es tener una familia
Por Daniela de los Santos
Cuando hablamos de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, solemos pensar en la educación, la salud, la alimentación o el juego. Todos son fundamentales. Pero existe uno que hace posible el ejercicio de muchos de los demás: el derecho a vivir y crecer en una familia.
Una familia es mucho más que un techo. Es el lugar donde se aprende a confiar, a sentirse querido, protegido y acompañado. Es donde se construyen los primeros vínculos que marcarán la forma en que una persona se relacionará con el mundo durante toda su vida.
Por ello, en Michoacán dimos un paso muy importante al contar con una Ley de Adopción y Acogimiento Familiar, que busca garantizar este derecho mediante procesos más ágiles, siempre colocando en el centro el interés superior de la niñez y evitando que las niñas, niños y adolescentes permanezcan más tiempo del necesario en una institución.
Uno de los aspectos más valiosos de esta legislación es que impulsa una figura que todavía muchas personas desconocen: el acogimiento familiar.
¿En qué consiste?
El acogimiento familiar es un acto profundamente generoso mediante el cual una familia abre las puertas de su hogar para recibir temporalmente a una niña, niño o adolescente que, por distintas circunstancias, no puede vivir con su familia de origen. Durante un periodo que puede ser de hasta dos años, esa familia le brinda cuidado, estabilidad, afecto y pertenencia, mientras se resuelve su situación jurídica o se concreta un proceso de adopción.
No se trata de sustituir una familia por otra de manera definitiva, sino de garantizar que ninguna infancia tenga que esperar sola.
Este esfuerzo cobra aún más fuerza gracias al trabajo conjunto con la asociación Efecto Esperanza, una organización que ha impulsado el acogimiento familiar en distintos países y que hoy acompaña también a Michoacán para que cada vez más niñas, niños y adolescentes puedan ejercer este derecho fundamental.
Los estudios en neurociencias y desarrollo infantil son claros: los primeros vínculos afectivos moldean el desarrollo del cerebro, fortalecen la seguridad emocional y favorecen habilidades sociales, cognitivas y emocionales que acompañarán a la persona durante toda su vida.
Por eso debemos aspirar a que el número de niñas, niños y adolescentes institucionalizados sea cada vez menor. Porque por más compromiso, profesionalismo y cariño que exista en un centro de asistencia social —y reconozco profundamente el enorme trabajo que realizan quienes dedican su vida a esta labor—, ninguna institución puede sustituir el amor cotidiano, la atención personalizada, los abrazos y el sentido de pertenencia que ofrece una familia.
Garantizar el derecho a vivir en familia no es únicamente responsabilidad de las autoridades. Es una tarea que nos involucra como sociedad.
Quizá no todas las personas puedan adoptar, pero muchas sí pueden informarse, apoyar o incluso considerar convertirse en una familia de acogida.
Porque abrir la puerta de un hogar también puede abrirle la puerta a una nueva oportunidad de vida para una niña, un niño o un adolescente.
Si deseas conocer más sobre el acogimiento familiar o los procesos de adopción, acércate a SIPINNA Michoacán, al Sistema DIF Michoacán o a la asociación Efecto Esperanza. Encontrarás orientación, acompañamiento y la posibilidad de transformar una vida.
Porque toda infancia merece algo más que protección. Merece crecer donde siempre debió estar: en una familia.





